El primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, decidió revertir la prohibición que impedía al patriarca latino de Jerusalén acceder a la Iglesia del Santo Sepulcro, uno de los sitios más sagrados del cristianismo.
La restricción había sido impuesta bajo argumentos de seguridad en medio del contexto de tensión en la región, lo que provocó la cancelación de celebraciones religiosas importantes, especialmente en un periodo sensible para la comunidad cristiana.
El patriarca latino, Pierbattista Pizzaballa, había intentado realizar ceremonias con un número reducido de asistentes y respetando las medidas establecidas, pero se le negó el acceso, lo que generó una fuerte reacción a nivel internacional.
Gobiernos, líderes religiosos y organismos internacionales expresaron su preocupación, señalando que la medida representaba una limitación significativa a la libertad de culto. La presión diplomática fue determinante para que el gobierno israelí reconsiderara su postura.
Tras la revocación de la prohibición, se confirmó que el patriarca podrá retomar sus actividades religiosas en el recinto. Sin embargo, el contexto de seguridad en Jerusalén sigue siendo complejo, por lo que continúan aplicándose ciertas medidas en distintos puntos de la ciudad.
Este episodio refleja el delicado equilibrio entre seguridad y libertad religiosa en una de las zonas más sensibles del mundo, donde cualquier decisión puede tener repercusiones tanto locales como internacionales.





